Cortes de luz
llamada
Es poco probable que el actual gobierno haga en el escaso tiempo que le falta para terminar su gestión lo que ya no hizo en el mucho tiempo que tuvo desde que asumió sus responsabilidades. Es de desear que lo intente al menos, que lo procure, que se esfuerce, aunque no es recomendable alimentar esperanzas.
En el cuarto verano que el país atraviesa de la mano del presidente Fernando Lugo, se constata la continuidad de los mismos problemas en el suministro de energía eléctrica que la población padeció durante los gobiernos anteriores.
No ha habido cambio alguno en este aspecto, como tampoco lo hubo en la mayoría de los demás asuntos para los que se otorgó la administración de la República al actual mandatario, los cortes siguen como siempre, parte de la realidad cotidiana con la que debe lidiar cada paraguayo.
En algunos puntos del territorio nacional, la situación alcanzó con este gobierno límites que se creían inconcebibles. Ciudad del Este, por ejemplo, a escasos kilómetros de la represa hidroeléctrica más potente del mundo, sufre cortes permanentes de energía y, en consecuencia, de muchos otros servicios esenciales.
Las explicaciones, las excusas, los pretextos son una cansina repetición de lo que la gente viene escuchando desde siempre. Que los transformadores, que los cables, que las ramas, que los vientos, que las tormentas.
Sin embargo, la realidad es que el Gobierno no tuvo la voluntad de modificar la política presupuestaria en la Administración Nacional de Electricidad (Ande), para permitir que los recursos sean asignados a la inversión requerida para terminar con el problema del impacto del clima en el suministro.
Según explicaron técnicos de Ande, la solución de fondo de este problema es la instalación subterránea de las redes de distribución eléctrica en las zonas urbanas, pero los recursos presupuestados para ese fin urgente son risibles y, por supuesto, no alcanzan sino para algún trabajo testimonial que, tal vez, se use en la propaganda oficialista.
Esto adquiere gravedad cuando se contesta la pregunta de para qué fue creada la Ande. El objetivo principal de Ande, independientemente de lo que digan los burócratas, es poner en cada casa de la República una cantidad suficiente e ininterrumpida de energía eléctrica como para que ningún paraguayo se vea privado de los beneficios del progreso tecnológico.
La actual situación no es compatible con dicho objetivo y tampoco lo es la falta de voluntad oficial para hacer lo que hay que hacer a este respecto: Modificar la matriz presupuestaria hasta darle capacidad de inversión real y significativa a la Ande.
Es poco probable que el actual gobierno haga en el escaso tiempo que le falta para terminar su gestión lo que ya no hizo en el mucho tiempo que tuvo desde que asumió sus responsabilidades. Es de desear que lo intente al menos, que lo procure, que se esfuerce, aunque no es recomendable alimentar esperanzas.
Pero los que se preparan para administrar el país no deben repetir el error y deben presentar al electorado propuestas concretas para terminar con los cortes del suministro de energía eléctrica, una contradicción insoportable en el país de la mayor producción per cápita de energía eléctrica del mundo.
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