El liderazgo generoso
Así como el aire se necesita para vivir, el amor es indispensable para liderar. Entonces el hombre llevó su teoría
hecha vida hacia el congreso de educadores. Eran miles en un recóndito lugar del mundo. Lo esperaban
con entusiasmo, uno de los ingredientes del afecto.
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En compañía de muchas nubes leyó unos manuscritos acerca del amor. Los filósofos hablan de virtud. Realmente los líderes virtuosos tienen un aire a su alrededor lleno de amor.
Saben querer y se hacen querer. Son afectivos, sensibles por naturaleza. Mientras están se los quiere y también se los envidia, muchos no soportan el imán que poseen. Son sensibles y perceptivos, se dan cuenta de todo. Cuando ya no están se los extraña, de alguna manera se los cita. Y aquellos que no los querían se impacientan ante sus nombres, otros no tienen memoria y hasta osan mencionar algún acontecimiento compartido.
El amor les da energía a los líderes. Nutren sus almas en él. Sus espíritus agradecen cuando la entrega diaria
está cargada de razones positivas. El hombre, que había recorrido un buen trecho de su vida, estaba dispuesto
a aprender. Se preguntaba a sí mismo si la práctica, silenciosa y persistente del pregonar de años,
tendría el eco esperado en los hombres y mujeres de aquel país. En la vida los hombres se encuentran con
pruebas esperadas y otras inesperadas. Él sabía que así era. Estaba preparado para entender a aquellos que
comprendían su mensaje como también sabía que iba a respetar a los que quizás no estuvieran de acuerdo
con el mismo. El amor en movimiento se llama testimonio, comenzó diciéndoles. Los asistentes comenzaron a aplaudir. El hombre se emocionó. Quienes lo habían invitado sabían que, tanto en su vida privada como en situaciones expuestas públicamente, había sufrido situaciones dolorosas.
De esas experiencias n ació un hombre dispuesto a pregonar el liderazgo con amor.
Los docentes son un testimonio del amor, dijo. El aire está compuesto primordialmente por nitrógeno y por
oxígeno, el liderazgo necesita de afecto, apego, contención, respeto, aprecio hacia el otro. Aquellos que aman
la vocación docente saben que es así, expresó con alegría.
El hombre también escuchó y volvió a aprender de aquellas personas. Al final compartió lo dicho por
Jalil Gibrán en su libro El Profeta, “El trabajo es amor hecho visible”.
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